1. Inicio
  2. Mérida
  3. Templo Expiatorio de Nuestra Señora de la Consolación

Grupo Megamedia · Diario de Yucatán

Joya

Mérida, YucatánArquitecturaTemplo100 Joyas

Cómo llegar

Monjas: historia, leyenda y misterio

Algunos edificios de Mérida son únicos en su tipo, como la iglesia del barrio de San Juan con su fachada barroca, la ermita de Santa Isabel por su particular emplazamiento o la Catedral, por su importancia y antigüedad. En esa lista ocupa un sitio sobresaliente el templo de Nuestra Señora de la Consolación, mejor conocido como iglesia de Monjas.

Asentado en la confluencia de las calles 63 y 64, destaca no sólo por su belleza arquitectónica, sino también por su rica historia, en la que se funden la leyenda y el misterio.

Originalmente, el templo formó parte del amplio conjunto conventual de monjas de Nuestra Señora de la Concepción, establecido en 1596 a solicitud de los vecinos de la ciudad y construido gracias a generosas donaciones, principalmente de don Fernando de San Martín, acaudalado mercader que dejó buena parte de sus bienes para la compra de los solares donde se edificaría la casa religiosa.

Se trata del único convento femenino que existió durante la época colonial y buena parte del siglo XIX en la diócesis yucateca, por lo cual es un edificio sin paralelo en toda la Península de Yucatán.

El hecho de que se fundara un convento en la pequeña ciudad de Mérida de fines del siglo XVI debe entenderse en su contexto histórico. Obedeció no sólo a un sentido religioso, sino también a una necesidad social, ya que el claustro se destinó al albergue de las hijas, nietas y demás descendientes de las familias de conquistadores y encomenderos que no optaran por el matrimonio y, por consiguiente, tomaran el estado religioso. De este modo, las familias se aseguraban de agradar a Dios dándole a una de sus hijas como esposa espiritual, a la vez que se ponía a salvo, tras los impenetrables muros del convento, el honor de la familia y la virtud de las doncellas.

El 22 de junio de 1596 llegaron a Mérida las primeras cinco religiosas, procedentes del Real Convento de la Concepción de Ciudad de México. Según algunos autores, sus nombres se conservaron inscritos en una de las paredes del coro durante siglos: Marina Bautista, María de Santo Domingo, María del Espíritu Santo, Francisca de la Natividad, Ana de San Pablo y Juliana de la Concepción.

Con el correr de los años, numerosas jóvenes yucatecas fueron ingresando a la congregación. El historiador Miguel Bretos menciona que “a mediados del siglo XVII la comunidad llegaba a 40 religiosas profesas, reclutadas de entre las hijas de los principales vecinos de Mérida”.

Algunas de las concepcionistas de Mérida alcanzaron celebridad por sus letras, dotes taumaturgas y fama de santidad. Entre ellas se puede mencionar a sor Leonor de la Encarnación, descendiente del emperador Moctezuma; sor Inés de San Juan y Álvarez, sor Gertrudis Pren, hija de don José María Pren y Chacón, maestro de capilla de la Catedral de Mérida y el más notable músico yucateco de la época colonial, y sor Cayetana de Nuestra Señora del Carmen Sierra O´Reilly, hermana del célebre literato don Justo Sierra.

El templo que actualmente conocemos comenzó a edificarse el 9 de marzo de 1610, día en que el gobernador Carlos de Luna y Arellano puso la primera piedra. El 9 de junio 1663 se colocó en su interior el sagrario para el Santísimo Sacramento, consagrándose a Nuestra Señora de la Consolación.

Su arquitectura es imponente y severa; desde el exterior se asemeja a una fortaleza. Una portada de sobrio estilo renacentista sirve de acceso principal al templo. Se encuentra en uno de los muros laterales, lo que evidencia su origen como iglesia de monjas. Se compone de una sola nave, de espesos muros de mampostería y está techado con bóveda de cañón, mientras que el presbiterio está cubierto con una hermosa bóveda de nervaduras, reminiscente de la arquitectura gótica española.

Llama especialmente la atención el antiguo y excepcional coro de las monjas, que está al fondo del templo, frente al presbiterio. En este espacio, delimitado del resto de la iglesia por una gruesa reja de hierro forjado, las madres concepcionistas escuchaban diariamente la misa y cantaban los oficios divinos. En la parte baja del coro, donde se encuentra el acceso a la antigua cripta que servía para la sepultura de las religiosas, se conservan algunas lápidas de la época colonial.

Los claustros del convento –donde actualmente se encuentra la Casa de la Cultura del Mayab– y los huertos ocupaban un amplio espacio, teniendo como límite la actual calle 66.

Otro de los atractivos arquitectónicos de este edificio es su mirador, que se levanta sobre la bóveda del presbiterio y tiene un encantador aspecto de torre medieval. Se trata de un elemento único entre los edificios de nuestra entidad, edificado entre 1645 y 1648. Consta de tres corredores con arcos de medio punto que, en su momento, estaban protegidos con rejas de madera.

La torre, a la que se accede por medio de una escalera de caracol, servía para que las monjas pudieran solazarse contemplando los jardines y huertos de la ciudad, desde las alturas y a salvo de las miradas indiscretas, además de que en este espacio se solían recibir donaciones “por medio de pequeñas canastillas, evitando el contacto directo de familiares y amigos con las residentes”.

También es factible pensar que haya tenido fines devocionales, ya que desde allí las monjas podían ver y participar, sin salir del convento, en las múltiples procesiones que recorrían las calles de la Mérida colonial, ya sea por la Semana Santa, la fiesta del Corpus Christi o en honor del Señor de las Ampollas.

Igualmente resulta de mucho interés la antigua portada que está sobre la calle 64, la cual está coronada con el escudo de la orden de las Concepcionistas, compuesto por los instrumentos de la Pasión de Cristo o las Arma Christi.

De los retablos e imágenes de la época colonial con que contó el templo nada se conserva. Sólo una campana permanece en los jardines del exconvento como testigo de los años remotos de su fundación. Tiene grabada la fecha de su elaboración, 1591, lo que la hace la más antigua de Yucatán, y una leyenda en la parte superior que dice: “MANDOME HAZER EL GOBERNADOR ANTONIO DE VOZMEDIANO ANNO 1591”.

El convento funcionó poco más de 270 años, hasta el 12 de octubre de 1867, cuando las monjas fueron desalojadas, en cumplimiento de las Leyes de Reforma, que decretaron la extinción de las comunidades religiosas. La última monja del antiguo convento meridano fue sor Carolina de la Divina Providencia Medina, quien falleció en 1906.

En esas fechas se realizó una de las modificaciones más dramáticas del conjunto: fue abierta una calle en la parte media, que corresponde actualmente a la calle 66 A, entre 61 y 63, nombrada la calle “Juárez”, y vendidos los predios que quedaban al poniente de ésta.

El conjunto conventual ha pasado en más de 400 años por toda una serie de transformaciones, adecuaciones, demoliciones y usos distintos. Durante sus primeros 300 años tuvo usos varios: además de religiosos, brindó servicios médicos, de educación religiosa, fue orfanatorio y asilo de niñas ricas y pobres.

En 1906, tras dos años de permanecer cerrada por importantes trabajos de embellecimiento que se llevaron al cabo en su interior, la iglesia de las Monjas fue reinaugurada en una solemne ceremonia religiosa. En 1915, el templo fue saqueado e incautado, hasta 1929, cuando fue devuelto al clero. Durante varias décadas, el histórico recinto estuvo bajo el cuidado de los padres Misioneros del Espíritu Santo, quienes dejaron significativa huella entre los meridanos. Actualmente es atendido por los religiosos de la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri.

En conclusión, se está ante la presencia de una de las joyas del arte sacro más antiguas e importantes de la entidad, no sólo por su historia, que ayuda a comprender a la sociedad de la época y a la ciudad misma, sino también por sus aspectos arquitectónicos y espaciales peculiares. Todo esto lo convierte en una reliquia que merece la pena conocer, conservar y valorar.

Ubicación