Grupo Megamedia · Diario de Yucatán
El crucifijo del árbol de luz
Este Cristo Negro, conocido como el Santo Cristo de las Ampollas, representa la tradición de una fe surgida en el poblado de Ichmul, Yucatán, en la primera mitad del siglo XVII y hoy día sigue siendo una imagen muy venerada.
Ichmul significa según el Diccionario Maya Cordemex “entre montículos”, de ich entre, y mul, montículo.
La imagen que se puede apreciar en la Catedral de Mérida, en una capilla en el extremo oriente de la nave norte, no es la original del siglo XVII, ya que ésta fue arruinada la noche del 24 de septiembre de 1915, en la época del gobernador revolucionario Gral. Salvador Alvarado, cuando el máximo templo católico fue asaltado y devastado su interior.
La historiadora Genny M. Negroe Sierra, en su artículo Iglesia y control social en Yucatán. Culto al Cristo de las Ampollas, refiere que en ese asalto se pretendió quemar la efigie, pero al no conseguirse ese objetivo, fue trasladada a la comandancia militar, sin saberse más de ella.
La imagen actual es una réplica de la original, elaborada en Querétaro a iniciativa del arzobispo Martín Trischler y Córdova, financiada por el empresario Rafael Quintero. Fue colocada en la capilla restaurada, el 24 de septiembre de 1919, cuatro años exactamente después de la destrucción del interior de este templo catedralicio.
La devoción al Cristo de las Ampollas tiene un profundo significado que comenzó en la primera mitad del siglo XVII. Según refiere una leyenda, en 1603 los habitantes de Ichmul, localidad ubicada a 172 kilómetros al sureste de Mérida, veían arder un árbol sin consumirse. El sacerdote del lugar ordenó cortarlo y llevarlo a la sacristía de la iglesia para tallar con él una imagen de la Virgen María.
Unos días después, llegó al pueblo un joven desconocido, buscando trabajo como escultor, el sacerdote lo contrató, el misterioso artista pidió que nadie lo interrumpiera mientras trabajaba y se encerró para realizar su labor, que concluyó en un día para luego desaparecer.
El padre entró a la habitación y encontró la escultura terminada, pero era un crucifijo y estaba sostenido verticalmente en el aire por sí mismo. La población veneró grandemente esa imagen.
Varios años después, en la década de 1630, un incendio destruyó el templo y lo que había en su interior, excepto el crucifijo, el cual quedó ennegrecido con excoriaciones en su superficie, como ampollas, nombrándosele desde entonces Cristo de las Ampollas y la devoción aumentó.
El 3 de mayo de 1645 la imagen fue llevada a Mérida, permaneció unos días en el convento de las monjas Concepcionistas y el 16 de mayo fue trasladada a la Catedral.
El fervor se incrementó en la ciudad, los habitantes crearon celebraciones y agrupaciones religiosas para tal efecto y se construyó la capilla que ahora vemos, costeada por el devoto Lucas Villamil. En la segunda mitad del siglo XIX se formaron gremios religiosos de diversos trabajadores y grupos sociales para expresar su veneración a la imagen.
La precisión de esta talla, de Cristo agonizante, con los ojos abiertos dirigidos hacia abajo, viendo al espectador, al igual que la belleza de la cruz, constituyen algunas de las características más relevantes de esta hermosa réplica. Está expuesta en su capilla y se puede admirar todos los días de la semana, cuando la Catedral está abierta.
La fiesta del Santo Cristo de las Ampollas se realiza cada año del 14 de septiembre al 17 de octubre, con actividades religiosas en las que participan gremios establecidos en honor a la imagen, los cuales efectúan también festejos populares.
El movimiento revolucionario en la península yucateca y la violenta manifestación de un sentimiento antirreligioso derivado de ese hecho constituye uno de los sucesos más significativo vinculados a esta venerada imagen.





