Grupo Megamedia · Diario de Yucatán
La "Primitiva" Catedral Meridana
Este templo de mediana escala se encuentra en el primer cuadro de Mérida, en la confluencia de las calles 61 con 58, a un costado de la Catedral de San Ildefonso. Puede resultar difícil de apreciar (a pesar de sus 20 metros de altura) debido a que su fachada se encuentra tímidamente ubicada, remetida, perpendicular a la calle que cientos de meridanos circulan todos los días sin caer en cuenta de la presencia de una edificación que es más antigua que su gran templo vecino.
La construcción de esta capilla, originalmente llamada de Nuestra Señora del Rosario y posteriormente conocida como templo de San Juan de Dios, se remonta al siglo XVI y se menciona en los relatos de Diego López Cogolludo, ya que tuvo la función de “catedral provisional” mientras se construía la de San Ildefonso.
Esta capilla tiene una constitución arquitectónica muy sencilla, que se aprecia desde fuera como un gran volumen regular. Está hecha de mampostería de piedra, tiene techumbres de rollizos de madera sostenidos en el interior por arcos fajones y sus pisos son de mármol. No posee mucha decoración, por lo que, refieren diversas fuentes, “el interior fue hermoseado con cuadros que representaban a los doce apóstoles, de muy fina pintura italiana, que donó el canónigo don Bartolomé de Honorato”. De los cuadros no queda nada, pero en el exterior destacan dos elementos que vale la pena admirar.
En su fachada principal, que mira al poniente, se puede observar en la parte más alta un elemento de remate llamado espadaña, una característica de los templos en Yucatán que la mayor parte de las veces se usaba como campanario, pero también como elemento ornamental. Su forma piramidal con pequeños arcos tiene similitud con las cresterías de los templos mayas prehispánicos.
El otro elemento destacable en el exterior se encuentra en su fachada sur, al centro del gran muro continuo alineado a la calle 61. Consiste en un alfiz o marco de piedra labrada de estilo plateresco que adorna la entrada original del templo. Arriba de la puerta, se conserva una hornacina pequeña donde hubo antiguamente una imagen ya desaparecida, probablemente de la Virgen patronal.
El destino y los usos de este pequeño templo estuvieron ligados durante casi cuatro siglos a un conjunto de edificios más grande del que sólo quedan el recuerdo, algunos vestigios y la capilla misma como único testigo, el cual albergó al Hospital de San Juan de Dios, el primer sanatorio en tierras yucatecas.
Administrado por los Hermanos de San Juan de Dios, comenzó a construirse en 1562 y en el auge de su crecimiento, en el siglo XVII, se distribuyó alrededor de dos grandes patios, uno al norte y el otro al poniente de la capilla, cuyo atrio sirvió de acceso a las instalaciones hospitalarias.
De agitada existencia estrechamente vinculada a otros eventos de la historia de la ciudad, en 1821, a consecuencia de la desamortización de los bienes de la Iglesia, el hospital pasó a manos del Estado y en 1832 fue renombrado como Hospital General de Mérida, antecesor del actual Hospital O’Horán, que funcionó primero en el exconvento de la Mejorada y pasó después a su ubicación actual, en la avenida Itzaes.
A partir de 1862, cuando fue vendido y subdividido, el conjunto sirvió para diversos fines. En 1867 fue utilizado como sede del colegio católico de San Ildefonso, de gran prestigio. En 1910, el general Salvador Alvarado fundó allí dos escuelas de instrucción primaria; también fue sede de oficinas de la contaduría mayor de Hacienda y de los talleres del Diario Oficial.
El gobierno de Felipe Carrillo Puerto dio al conjunto un uso que durante muchos años permaneció en el afecto de los meridanos. Fundó en el sitio el Museo Arqueológico Maya de Yucatán, que años más tarde se convertiría en el Museo Arqueológico e Histórico de Yucatán. El recinto tenía la colección de piezas de la historia peninsular más importante de la región. En su construcción destacaba el jardín de acceso, diseñado por el arquitecto Manuel Amábilis, con un enverjado de estilo neomaya y un busto de Teobert Mahler, obra del también arquitecto Leopoldo Tomassi López.
El museo funcionó adecuadamente hasta que en la década de 1960 y por razones desconocidas el conjunto de edificios fue vendido a capital privado y demolido prácticamente en su totalidad. Se salvó únicamente la capilla, porque, afortunadamente, no fue incluida en la transacción, aunque fue cerrada y dejada en el abandono.
En la década de los 70 del siglo pasado, la capilla fue reabierta y reutilizada durante algunos años como Museo de la Ciudad. A mediados de la década de 1990 fue nuevamente cerrada y así permanece hasta el día de hoy.
Nos encontramos ante el templo más antiguo de Yucatán, que además formó parte del primer conjunto hospitalario de la Península y albergó al primer museo arqueológico e histórico de la entidad, por lo que habría que prestarle más atención, buscar su valoración por medio de un uso que lo dignifique con la importancia que representa y aprender que no podemos permitirnos como comunidad perder partes tan importantes de nuestra historia y nuestra identidad.
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