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Santa Elena, YucatánEsculturaRetablo100 Joyas

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Santa Elena se ubica a 110 kilómetros al sur de Mérida, colindando con los municipios de Muna, Oxkutzcab, Ticul y el estado de Campeche. Originalmente, el nombre de esta población era Nohcacab, que según Alfredo Barrera Vásquez se traduce como “la gran villa”.

Durante el periodo prehispánico perteneció al cacicazgo de Tutul Xiu, en la Colonia formó parte de las Doctrinas de la Sierra y después de la Independencia, en el siglo XIX, se integró al Partido de Ticul.

La antigua Nohcacab fue escenario de la Guerra de Castas y, por su emplazamiento sobre una elevación o montículo, el templo de San Mateo sirvió como fortaleza. En 1848, después del paso de los mayas rebeldes, el pueblo fue reconstruido y por solicitud del juez de paz y los vecinos se le cambió el nombre por el de Santa Elena.

Fray Diego López Cogolludo apunta que Nohcacab era pueblo de visita del Convento de San Antonio de Padua de Ticul, fundado en 1591. El actual templo de San Mateo fue finalizado en 1779, según se consigna en una inscripción sobre la entrada principal. Es probable que previamente existiera una iglesia o capilla primitiva, pues en la referida inscripción se señala que la iglesia se comenzó en 1591 y una de sus campanas está fechada en 1592.

En su interior conserva un espléndido conjunto de retablos, que bien pueden considerarse como joyas únicas del arte sacro de Yucatán. El retablo principal es del siglo XVIII, consta de tres cuerpos y destaca por su decoración al pincel con motivos florales y la representación de los símbolos de la Pasión de Cristo y los escudos franciscanos.

En una de las capillas laterales, adosada al muro, hay un altar barroco de dos cuerpos, posiblemente del siglo XVII, que presenta una rica decoración tallada en madera dorada con motivos vegetales, sendos escudos franciscanos, columnas salomónicas y un ingenuo bajorrelieve en el tímpano o remate, en el que se representa la coronación de la Virgen María. En ambos conjuntos se evidencia la mano de maestros artesanos mayas, carpinteros, pintores y talladores, lo que da a estas obras un interés muy especial.

Los retablos portátiles están conformados por cajones de madera con tapas o puertas abatibles, en cuyo interior se resguarda una escultura o pintura religiosa, ya sea de Cristo, de la Virgen o de algún santo.

Estas piezas, que existen desde la Edad Media, eran empleadas por los sacerdotes para las celebraciones litúrgicas que se llevaban al cabo fuera de los templos, como por ejemplo durante las campañas de guerra y las batallas.

Aunque no hay datos exactos de su temporalidad, es posible que los que se conservan en Santa Elena daten de fines del siglo XVI o principios del XVII, y hayan sido empleados por los frailes franciscanos durante sus tareas de evangelización, especialmente al recorrer los llamados pueblos de visita.

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