Grupo Megamedia · Diario de Yucatán
La Reina de las etnias de América
Envuelta en una profunda fe centenaria, esta venerada imagen se encuentra en la iglesia del convento franciscano de Izamal. La cabeza inclinada levemente a su derecha, con una mirada que sugiere ternura, dirigida hacia abajo, y las manos juntas en acción de orar con los antebrazos flexionados, son algunas de las características más relevantes de esta imagen.
La corona que porta la Virgen, sobre su cabellera cubierta con una mantilla, junto con la elegancia de su vestido blanco y las joyas que la adornan, complementan los rasgos representativos de esta escultura.
Esta talla de la Virgen María, en su advocación de la Inmaculada Concepción, se dice es una de las dos que fray Diego de Landa mandó traer de la ciudad Antigua Guatemala, alrededor de 1560, pues en ese lugar, a mediados del siglo XVI, se elaboraban las mejores piezas religiosas novohispanas.
Una de esas dos imágenes permaneció en el ahora inexistente Convento Grande de San Francisco en Mérida y la otra fue llevada a Izamal. Un incendio ocurrido en la madrugada del Viernes Santo 17 de abril de 1829 consumió la totalidad del interior del templo izamaleño, perdiéndose de este modo la venerada efigie, la cual fue sustituida con la que había quedado en la capital.
La Virgen de Izamal tiene una especial importancia en la devoción de los fieles católicos. Considerada la Patrona de Yucatán, se le atribuyen numerosos milagros desde el siglo XVI. Durante la época colonial fue llevada a Mérida en varias ocasiones a fin de servir como intercesora divina para remediar epidemias y hambrunas, entre otros infortunios que asolaron la región. La primera vez fue en 1648, cuando la epidemia de la fiebre amarilla devastó la península de Yucatán. En el siglo XVIII, se le condujo a la ciudad capital en tres momentos: 1730 por presentarse nuevamente la fiebre amarilla, 1744 por hambrunas y 1769 por plagas de langostas.
Y fue precisamente por los favores y protección recibidos que se le denominó inicialmente en 1648, por los Cabildos de la Ciudad y de la Catedral, como: “Patrona, Madre y Abogada de esta ciudad de Mérida y de todas estas Provincias, para las enfermedades, calamidades, trabajos y hambre que padecieren…”.
Posteriormente, en 1730, el gobernador Antonio de Figueroa y Silva, quien era militar con los grados de Brigadier y Mariscal de Campo, nombró a la Virgen, en añadidura a los anteriores títulos: Reina y Gobernadora, Capitana General y Soberana Señora de Yucatán.
En 1949, el Papa Pío XII le concedió la coronación como Reina y Patrona de la Arquidiócesis de Yucatán, efectuándola el arzobispo Fernando Ruiz Solórzano. En 1993, la Virgen de Izamal fue coronada como Reina y Patrona de las etnias de América por el entonces Papa, y ahora santo, Juan Pablo II.
La Virgen de Izamal, o Nuestra Señora de Izamal, está expuesta en la iglesia del convento todos los días del año, y es posible admirarla cuando está colocada en el retablo principal, o bien, cuando se encuentra en su Camarín.
La fiesta de esta advocación de la Virgen María se celebra el 8 de diciembre, con eventos religiosos y profanos.
La ciudad de Izamal se encuentra a 70 kilómetros al oriente de Mérida. Es Pueblo Mágico desde 2002 y fue el primero en Yucatán y el Sureste en recibir tal distinción.
El nombre de esta localidad, señala la Dra. Stella María González Cicero en su artículo La Virgen de Izamal: culto y devoción mariana, deriva del nombre del fundador de este sitio, Zamná, sacerdote maya prehispánico de Itzamná o Itzamatul, deidad maya creadora de los seres humanos y de todas las cosas.
En la tradición popular, Nuestra Señora de Izamal es referida en varias leyendas que relacionan su santuario con los vestigios precolombinos, igualmente hacen alusión a otra Virgen en esta comunidad, señalando que es hermana suya, o bien a relatos de invisibles presencias marianas, reveladas por aromas florales.
Algunos de los hechos históricos importantes vinculados con esta joya del arte sacro, son las epidemias, hambrunas y plagas que arrasaron la región en los siglos XVII y XVIII, mencionadas anteriormente, así como la rebelión maya conocida como la Guerra de Castas, a partir de la segunda mitad del siglo XIX.
Al año siguiente del estallido del conflicto en 1847, los mayas insurrectos habían ocupado casi todas las localidades peninsulares, a excepción de las ciudades de San Francisco Campeche y Mérida. Las crónicas refieren, que cuando en mayo de 1848, los rebeldes indígenas tomaron Izamal, permanecieron en el lugar dos semanas, y veneraban a la Virgen, visitándola en su santuario, sin causarle daño alguno, dejando ofrendas económicas y en especie; los documentos precisan que cuando los sublevados se retiraron, fueron a despedirse de la venerada imagen.
Los personajes históricos más relevantes relacionados con esta imagen, son: fray Diego de Landa en el siglo XVI y el papa Juan Pablo II en el siglo XX. El misionero de la época colonial dio inicio a la devoción a esta advocación de la Virgen María, y el Pontífice la coronó en el atrio de su iglesia como Patrona de todas las etnias americanas.





