Grupo Megamedia · Diario de Yucatán
Devoción surgida de milagrosa aparición
Envuelto por la fe y el fervor de las oraciones hacia él dirigidas, el Santo Cristo de la Exaltación, en Sitilpech, cuida de los habitantes de esta localidad y comunidades circunvecinas desde su nicho central en el retablo mayor de la iglesia de San Jerónimo.
Aunque se desconocen la fecha y lugar de la manufactura de esta venerada imagen de color negro, así como el momento de su llegada a esta población, la literatura oral refiere su origen de una forma portentosa y de la misma manera se relata el vínculo de esta efigie con otras dos imágenes muy reverenciadas en santuarios cercanos a Sitilpech: la Virgen de Izamal y el Cristo de Citilcum.
El profesor Ramiro Briceño López presenta en su libro Leyendas izamaleñas, editado póstumamente en 1990, una narración titulada “Los dos hermanos”, la cual habla de esos hechos prodigiosos. Y si bien la narración no precisa fecha alguna, como toda buena leyenda: “Hace muchos años, tantos que no se lleva cuenta,…”, los sucesos ahí descritos estarían haciendo referencia a acontecimientos históricos ocurridos en los siglos XVII y XVIII.
El relato expresa que un día llegaron a Izamal dos hermanos muy parecidos, casi gemelos, aunque uno decía ser el mayor por ser un poco más alto que el otro. La gente los estimaba mucho porque eran muy trabajadores, hacían cualquier labor que les solicitaran y eran muy devotos de la Virgen.
Una ocasión, los hermanos que eran muy unidos, se separaron, el mayor fue a Sitilpech y el menor a Citilcum, poblaciones cercanas a Izamal, donde la gente los apreció mucho, igualmente. Cada domingo, el mayor acudía a misa en Izamal, y el menor a Tekantó, una localidad próxima a Citilcum.
Las personas de Izamal les preguntaron por qué se habían separado si eran muy unidos y demostraban tenerse afecto. Ellos dijeron que los habitantes de las poblaciones donde habían ido necesitaban de sus servicios. Un día, se dijo que la Virgen de Izamal sería llevada a Mérida por una epidemia muy fuerte que ahí había. Entonces, el hermano que estaba en Sitilpech fue a Izamal y permaneció ahí hasta que la Patrona de Yucatán regresó.
Los izamaleños le preguntaron por qué había hecho eso y respondió que había que proteger la iglesia mientras la Virgen no estaba. Luego de un tiempo, ese hombre dijo en Sitilpech que se marcharía y pidió a las personas que fueran a su casa después de tres días. Igualmente advirtió que la Señora de Izamal sería llevada a Mérida en otras ocasiones, pero que no dejaran solo el templo.
Los fieles acudieron a su casa luego del tiempo señalado y encontraron ahí un gran crucifijo con un Cristo Negro. Observaron entonces que las facciones y el color de esa imagen eran similares a las de aquel hombre que se había ido de Sitilpech y llevaron la efigie a la iglesia.
En tanto, en Citilcum ocurrió algo similar, el mismo día que el viajero en Sitilpech dijo que partiría, el hermano menor expresó también que se marcharía. Igualmente solicitó a las personas que acudieran a su casa luego de tres días y les pidió que recordaran que cada domingo él iba a misa a Tekantó. Cuando fueron a su vivienda, hallaron otro Cristo Negro, pero de un tamaño un poco menor que el de Sitilpech y con los rasgos parecidos a ese otro caminante que se había marchado.
Poco tiempo después se supo que la Virgen sería llevada de nuevo a Mérida, suceso que ocurrió otras veces más. Y en cada una de esas ocasiones los habitantes de Sitilpech condujeron al Cristo Negro a Izamal.
Las características estilísticas de esta venerada imagen parecen corresponder al siglo XVIII. Esta efigie de Cristo en la cruz tiene la particularidad de que estaría simbolizando el instante mismo de su muerte, toda vez que la talla del crucificado muestra la flacidez del cuerpo ya sin vida. Sin embargo, sus ojos están entreabiertos, como si sus párpados estuvieran a punto de cerrarse y la escultura muestra al mismo tiempo la representación de la herida ocasionada con lanza en el costado derecho.
La reverenciada figura del Santo Cristo de la Exaltación, en Sitilpech, que puede ser admirada en la iglesia de San Jerónimo de esa localidad, en los horarios de los servicios religiosos, muestra una estilizada corona de espinas, en la que están representadas tres potencias, en tanto, el paño de pureza que porta lleva adornos bordados con motivos florales, similares a los del traje típico yucateco.
La fiesta del Cristo Negro de Sitilpech, en su advocación de la Exaltación, una imagen con gran significado religioso para los habitantes de esa población y comunidades circunvecinas, se efectúa cada año del 26 de agosto al 14 de septiembre. En Izamal es festejado también cada año, unos 20 días a partir del 18 de octubre.
Sitilpech, cuya traducción literal, según el Diccionario Maya Cordemex, es “garrapata saltadora”, de sit salto y pech garrapata, se encuentra a 74 kilómetros al este de Mérida, y a 7 kilómetros de Izamal.
VÍDEO





