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Grupo Megamedia · Diario de Yucatán

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Campeche, Yucatán100 Joyas

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Una alhaja singular

El antiguo templo de San José es uno de los edificios virreinales más bellos y singulares de Campeche, pero posee además una gran relevancia histórica y cultural, pues en su convento se inició la educación de la juventud campechana durante la Colonia.

Constituye, a decir de expertos, una construcción única en la región, debido a la utilización de azulejos de Talavera para decorar la fachada principal y el interior, una sencilla pero hermosa muestra de arquitectura barroca en la ciudad.

La iglesia de San José tiene una portada formada por tres cuerpos superpuestos. El primero lo ocupa una amplia puerta con cerramiento pentagonal y marco de cantería, todo ello encuadrado con columnas apareadas con pedestal, de base ática, fuste estriado y capitel dórico. El segundo cuerpo tiene un entablamento del mismo orden arquitectónico que el de las columnas, con arquitrabe, friso, escudo dentro de un medallón, dos columnas de cada lado y un ojo de buey ochavado en el que hay una pequeña escultura del santo patrono.

El tercer cuerpo es a manera de un frontón con remates escalonados. Toda la fachada está decorada con azulejos, formando varios diseños. En conjunto, la portada es de estilo plateresco y guarda reminiscencias hispano-árabes.

El templo tiene una torre y una sola nave. La torre, cuadrada, tenía dos cuerpos parecidos a los de la Catedral de Campeche, pero hoy sólo conserva uno. La nave, con techo de bóveda de cañón, forma en su último tramo el crucero con cúpula sobre tambor y remata en una linternilla. Al lado opuesto de la torre se construyó posteriormente una torrecilla para instalar el faro de la ciudad.

La iglesia original, del mismo nombre, fue construida como una pequeña ermita posiblemente en la segunda mitad del siglo XVII, gracias a las limosnas aportadas por los gremios de calafates y carpinteros de ribera.

Hacia 1715 llegaron de Mérida los primeros jesuitas, quienes contaban con licencia real para la fundación de un colegio encargado de predicar, confesar y enseñar doctrina y gramática. La primitiva ermita pronto resultó insuficiente para el nuevo fin, por lo que en 1735 los padres Diego Vélez, superior, y Antonio Paredes, coadjutor, comenzaron las obras del convento de San José con la contribución de doña María Ugarte, quien donó diez casas; de Ángel Rodríguez de la Gala, que era dueño de la hacienda Haltunchén y los ranchos de Santa Ana y Sihó, y de doña María Izquierdo, entre otros vecinos.

El Colegio de San José abrió sus puertas el 4 de noviembre de 1756. Su primer rector fue Francisco Javier Yanes y las primeras cátedras consistían en gramática, lectura, escritura y doctrina cristiana. En 1766, el colegio de jesuitas, convertido en el centro educativo más importante de Campeche, constaba de un superior, un prefecto que atendía el culto y ministerios espirituales, así como de un maestro de latinidad que servía a la juventud.

Los jesuitas hicieron de la pequeña ermita de calafates y carpinteros de San José un templo único dentro del perfil colonial de Campeche, propio de la arquitectura de la Orden, con características constructivas diferentes a los demás recintos católicos existentes en la villa. Sin embargo, su obra quedó inconclusa porque en 1767, durante el gobierno de Cristóbal de Zayas, fueron expulsados por mandato real, de Mérida y de Campeche, embarcándolos con destino a Italia. El colegio fue cerrado.

A principios del siglo XIX y ante la falta de un centro educativo de nivel superior, los vecinos consiguieron que se les entregaran a los franciscanos los edificios construidos por los jesuitas a fin de que abrieran una escuela dedicada a atender las cátedras de latinidad, filosofía y teología.

Fueron los franciscanos los que concluyeron la construcción de la cúpula y el altar mayor del templo. El arquitecto catalán Santiago Casteillo terminó de cerrar la cúpula de media naranja (crucero) en 1809.

Cuando en 1821 las disposiciones de las Cortes de Cádiz respecto a las órdenes religiosas entraron en vigor en Yucatán, los franciscanos tuvieron que cerrar el plantel, pero dos años después se reanudaron en el sitio las labores educativas al fundarse un colegio clerical.

La nueva institución, en honor de sus benefactores, la señora Josefa de la Fuente viuda de Estrada y su sobrino presbítero Miguel de Estrada, fue denominada, por acuerdo de su órgano de gobierno, Colegio Clerical de San Miguel, nombre que mantuvo hasta mediados del siglo XIX, cuando el gobierno del estado se hizo cargo del colegio, convirtiéndolo en el Instituto Campechano, fundado el 31 de diciembre de 1859 por decreto del gobernador Lic. Pablo García y Montilla.

En cuanto a la iglesia, en 1914 la Jefatura de Armas redujo a prisión a todos los sacerdotes avecinados en la ciudad, clausuró los templos de culto católico y selló todas sus puertas. Tres días después fue desocupado el de San José, trasladándose a la Catedral todos los cuadros, imágenes, esculturas y ornamentos, por haberse destinado para establecer en él la biblioteca del Instituto Campechano.

En 1924 el edificio se devolvió al culto religioso, pero en 1934 nuevamente fue confiscado. Finalmente, en 1941 pasó a formar parte del Estado, que instaló allí el Museo Arqueológico, Etnográfico e Histórico. Actualmente está destinado a exposiciones temporales. Se ubica en la esquina de las calles 63 y 10 del Centro Histórico de la capital campechana.

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