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El color de la devoción

El Cristo Negro de San Román es la imagen sagrada más venerada y más representativa del fervor campechano. En agosto y en septiembre, miles de feligreses acuden a rendirle culto en su santuario y durante su procesión.

Cuenta el antropólogo y arqueólogo Román Piña Chan que la historia de esta escultura se remonta a los primeros años de fundación de la villa de San Francisco de Campeche, cuando los mexicas que acompañaron en la expedición a Francisco de Montejo El Mozo se establecieron en el lugar que sería el barrio de San Román, cuyo nombre se debe a la ermita concluida en 1563 que adoptó como patrono a este santo, un diácono nacido en Siria que sufrió martirio en el 303 d.C. durante las persecuciones del emperador Galerio contra los cristianos.

En ese entonces el barrio era de mexicas y marinos. A partir de este punto, la historia y la leyenda tejen sus acuerdos y así, se cuenta que, ante el deseo de contar en la nueva ermita con un crucifijo, los jefes del suburbio aprovecharon el viaje a la Nueva España del comerciante don Juan Cano de Coca Gaytán para encargarle que les trajese una buena imagen de Cristo en la cruz.

En el puerto de Veracruz encontró el comerciante feliz y prontamente lo que le habían encargado: era una enorme y hermosa imagen de Cristo que acababa de llegar de Italia y que fue tallada en ébano –de allí su color oscuro – en Civitavecchia, puerto del mar Tirreno situado a 60 kilómetros de Roma.

Refiere la tradición que el 13 de septiembre de 1565, listo y empacado el Señor de San Román para ser llevado de Veracruz a Campeche, se solicitó al capitán de una nave inglesa cabida para la imagen, negándose a conducirla pretextando que ya se habían cerrado las escotillas y que el tamaño de la caja puesta en cubierta entorpecería la maniobra. Luego se pidió igual merced al capitán del navío que trajo al Cristo, quien no sólo accedió gustoso, sino declaró que si para ello era necesario deshacerse de alguna carga sin vacilación lo haría.

Las dos embarcaciones salieron de Veracruz el mismo día. A ambas sorprendió la tempestad, pero mientras la que trajo al Cristo llegó a Campeche en 24 horas, no se volvió a tener noticias de la otra ni de los hombres que la tripulaban. Y agrega la tradición que las personas que están libres de pecado, tienen la fortuna de escuchar en la noche que corre del 13 al 14 de septiembre las voces de los navegantes que piden socorro contra los furiosos elementos y de ver las luces del barco náufrago que aparecen en el horizonte.

Continúan los relatos que al arribar al puerto el capitán contó que en lo peor de la tormenta, cuando ya se daban por perdidos, entró a la cabina un marinero desconocido que tomó el timón con gran fuerza y seguridad y los salvó del inminente naufragio. Superada la situación, el sueño y el cansancio vencieron a los tripulantes y pasajeros de la nave.

Al despertar, se encontraron frente a un puerto. Tras atracar en el desembarcadero, cerca de la medianoche, preguntaron dónde se hallaban. Les respondieron que en Campeche, algo imposible, ya que era el 14 de septiembre de 1565, o sea, el día siguiente de su salida. La travesía desde Veracruz duraba entre ocho y 10 días.

El capitán cayó de rodillas ante el evidente milagro. Luego, pidió que desembarcaran al Cristo y al desempacarlo, todos los allí reunidos fueron testigos de que, a pesar de estar la bodega seca, lo mismo que la demás carga e incluso la envoltura de la imagen, ésta fue sacada chorreando agua y con restos de sargazo, como si hubiera estado expuesta al siniestro.

Desde su arribo, El Señor de San Román fue objeto de gran veneración por los fieles. Fue tan importante el desarrollo del culto, que para el siglo XVII ya estaba totalmente afianzado en la vida religiosa de Campeche y son incontables los milagros y prodigios que se le atribuyen.

La adorada imagen, con su cruz de plata que data del siglo XVII, está depositada en un baldaquino compuesto por cuatro columnas en orden fenicio con doble capitel circular, fusta estriada y base redonda, todo cubierto de cristales, que ocupa el centro del altar en el templo parroquial de San Román. En 1638 se le colocó dentro de un relicario de plata.

La ermita de San Román llegó a tener un convento y se convirtió en destino de procesiones y fiestas que se volvieron tradicionales e incluso en nuestros días congregan a todos los campechanos en una celebración que se extiende 40 días de agosto a septiembre y que desde 1565 los identifica con la fe y las creencias en su santo patrono.

La imagen se encuentra expuesta todos los días en su santuario del barrio de San Román en la ciudad de San Francisco de Campeche.

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