Grupo Megamedia · Diario de Yucatán
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Un monumento imprescindible
El templo de la Tercera Orden –conocido también como El Jesús– es sin duda una de las iglesias de Mérida más célebres y admiradas, la segunda, tal vez, sólo después de la Catedral de San Ildefonso.
Y debe este honor al privilegio de su ubicación, tan cercana a la Plaza Principal y sobre la vía más importante de la ciudad –en la confluencia de las calles 60 con 59–, pero también a su sobria belleza pétrea y a su mágico entorno: rodeada de plazas, teatros y edificaciones antiguas que conservan una atmósfera de tiempo detenido.
En otros siglos, caminar por la zona era adentrarse a un sitio de gran significado social, un rincón de rito y penitencia, pero también de conocimiento y cultura. El templo que hoy conocemos como Tercera Orden formaba parte del Colegio de San Francisco Javier, una institución educativa y religiosa fundada en 1618 gracias al aporte del capitán don Martín de Palomar, quien al fallecer dejó sus casas principales, varios solares y un capital de 20,000 pesos para realizar el proyecto. A fin de administrar el lugar se trajo a la orden de los jesuitas, de enorme prestigio por su dedicación a la enseñanza.
El colegio fue elevado a la categoría de universidad en 1624, por decreto del rey Felipe III. Para mediados del siglo XVII, el conjunto contaba con galerías, salones de clase, dormitorios, jardines, patios, un aula general “muy espléndida” y demás dependencias. El templo se edificó a finales de ese mismo siglo, en el lugar donde se encontraba uno provisional. Tuvo una ampliación en 1711.
Al principio, como escribe José Turrisa (seudónimo de don Justo Sierra O’Reilly) en el Registro Yucateco de 1846, “la iglesia del Jesús fue pequeña y mal construida, pero a fines del siglo XVII, con el auxilio del vecindario, los jesuitas edificaron el hermoso templo que hoy existe. El Jesús es en Mérida lo que en México y Puebla son los soberbios templos de La Profesa y La Compañía: la iglesia más sólida, amplia y elegante después de la Catedral.
“Sus proporciones están perfectamente calculadas y las dos corpulentas torres que decoran la fachada son evidentemente de una arquitectura más bella y perfecta que las de la Catedral”, afirma Turrisa.
Junto con la iglesia, el conjunto educacional y religioso estaba organizado alrededor de un gran patio central. Abarcaba en su momento de mayor apogeo gran parte de la manzana en que se encuentran hoy el templo, el Parque de la Madre (que fue parte del patio central), el Callejón del Congreso, el teatro José Peón Contreras, el anterior edificio del Congreso del Estado (actual Palacio de la Música) y otras construcciones alineadas en la calle 60 que desaparecieron hace más de un siglo.
En 1767, los jesuitas fueron expulsados del territorio español por orden de Carlos III. En 1774, el templo se convirtió en parroquia de pardos, negros y mulatos, al ser llevados ahí los afrodescendientes desde la iglesia del Santo Nombre de Jesús, hoy desaparecida, permaneciendo en ese recinto católico hasta 1822, según precisa el doctor Jorge Victoria Ojeda.
Luego se destinó a seminario de corrección de clérigos y fue puesto bajo la advocación de San Carlos. En 1822, el templo se entregó a la tercera orden de penitencia, de origen franciscano, de donde permanece aún el título por el que es conocido, a pesar de que a su regreso, en el siglo XX, los jesuitas recuperaron el inmueble.
A principios del siglo XIX, el aula magna, la inmensa sacristía y las piezas adyacentes fueron ocupadas por el Congreso Constituyente. Se abrió una calle espaciosa –Calle del Cabo Piña (hoy Callejón del Congreso)– y la parte norte del colegio se vendió para construir el teatro San Carlos, antecesor del Peón Contreras. En 1915, el recinto fue incautado y sus retablos destruidos. En 1920, la iglesia se devolvió al culto y comenzaron las tareas de su reconstrucción.
Del templo de la Tercera Orden destacan su fachada de estilo manierista con motivos vegetales y decoraciones con cruces que rodean la ventana coral. En el interior, se distinguen su cúpula con linternilla y los hermosos motivos que decoran los muros, que datan de principios del siglo XX, al igual que sus retablos, con excepción del que adorna el crucero sur, que es del siglo XVIII.
La iglesia de la Tercera Orden y su conjunto conformaron el primer centro educativo del sureste de México, en momentos en que la vida de la comunidad era dominada y regulada por la Iglesia, por lo que constituye un monumento imprescindible para comprender las transformaciones de nuestra sociedad.
Joya 4 | Iglesia de El Jesús (Tercera Orden): aspectos





