Grupo Megamedia · Diario de Yucatán
Location
Testigo de nuestra historia
En Maní, población llena de historia, se encuentra una de las joyas más preciadas del patrimonio cultural yucateco: el exconvento de San Miguel Arcángel, el tercero que levantaron los franciscanos en la Península, luego de los de Campeche (1546) y Mérida (1547, el desaparecido de San Francisco) y el primero en el interior del actual estado de Yucatán.
Maní era en el siglo XVI la población más importante después de la nueva ciudad de Mérida. Cabecera del cacicazgo del mismo nombre, se encontraba gobernada por Tutul Xiu, valioso aliado de los españoles en la etapa final de la conquista de Yucatán.
De acuerdo con el Diccionario del español yucateco, la etimología maya de Maní o Mani’, que significa “lugar donde pasó”, proviene del pretérito del verbo man (máan), pasar.
Este conjunto conventual fue la primera obra importante realizada en su totalidad, a partir de 1549, por el arquitecto franciscano fray Juan de Mérida, con las piedras de los edificios mayas que ahí se encontraban, algunas con tallas, relieves y figuras que se pueden observar en la superficie del monumento.
El recinto contiene algunas de las características que después tuvieron los otros conventos construidos en el siglo XVI, la más importante la capilla de indios, con su ramada anexa que servía para hacer partícipe de los servicios religiosos a la población indígena.
En Maní se encuentra la primera capilla de indios construida en Yucatán. El convento contó con un hospital y una escuela, ahora en ruinas, ubicada en el costado sur del templo.
La iglesia, bajo la advocación de San Miguel Arcángel, custodio de Cristo, al que se le festeja cada 29 de septiembre, se edificó en el siglo XVI y se amplió en el XVIII, aunque no se sabe si los elementos de la fachada principal fueron reutilizados o reemplazados.
En su interior aún se pueden admirar pinturas murales del siglo XVI y algunas más -detrás de los retablos originales de la Pasión de Cristo y de San Antonio de Padua- elaboradas a lo largo de cuatro siglos. Destaca también un bello mural en la cúpula del presbiterio y al centro de la nave de bóveda de cañón. Este conjunto pictórico es una auténtica muestra de los cambios en tendencias y estilos artísticos sucedidos del siglo XVI al XIX.
El 12 de julio de 1562 ocurrió un hecho que quedó grabado a sangre y fuego en la Historia: fray Diego de Landa realizó en el atrio un auto de fe, un acto inquisitorial donde una gigantesca hoguera consumió, según cita Justo Sierra O’Reilly en el libro Los indios de Yucatán, más de cinco mil ídolos, objetos ceremoniales y códices, convirtiendo en cenizas la memoria del pueblo maya.
Maní, Pueblo Mágico y cabecera del municipio del mismo nombre, se encuentra a 100 kilómetros al sureste de Mérida y a 16 kilómetros al este de Ticul.
Joya 8 | Exconvento de San Miguel Arcángel de Maní: aspectos





