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Grupo Megamedia · Diario de Yucatán
Una imagen de leyenda
El dulce aroma de la leyenda envuelve la imagen de Santa Clara de Asís que se venera en Dzidzantún y en el pequeño puerto de la costa oriental de Yucatán que lleva su nombre. Es una fascinante historia de amor paternal, sanaciones milagrosas, ataques de piratas, tempestades, naufragios, intervenciones divinas, que gana en interés conforme el que la narra va avanzando en su desarrollo.
Se cuenta que al amanecer de un 22 de julio del bien entrado siglo XVI, pescadores del antiguo puerto de Tiyaxcah hallaron en la playa una caja de madera procedente de un naufragio. Al abrirla, quedaron atónitos al mirar la insólita imagen de una joven hermosa que, por su tamaño y delicadas facciones, parecía real.
Avisadas, las autoridades religiosas del poblado corrieron a la playa e identificaron la imagen: se trataba de Santa Clara de Asís (1194-1253), fiel seguidora de San Francisco y fundadora con él de la Segunda Orden franciscana, la de las hermanas clarisas.
Se supo después que la imagen era el pago de una promesa hecha por un noble español devoto de la religiosa italiana por la curación milagrosa de su hija, aquejada de una mortal enfermedad. Mandó tallar la efigie y la envió en agradecimiento a una iglesia en Cuba erigida en honor de Santa Clara.
Sin embargo, el buque mercante que trasladaba la escultura de madera fue asaltado y saqueado en altamar por piratas, quienes días más tarde fueron azotados por una furiosa tormenta que a punto estuvo de hacerlos zozobrar y los obligó a arrojar al mar toda su carga, incluida la preciada escultura, que recaló en la costa yucateca…
Fue tal la devoción a la imagen de la religiosa desde el hallazgo, que no sólo fue trasladada a Dzidzantún, poblado de mayor importancia, donde se iniciaron de inmediato los preparativos para construirle un templo, sino que también, en su honor, los pobladores y las autoridades eclesiásticas y civiles decidieron que Tixcayah se llamara desde entonces Santa Clara.
La hermosa talla, de 1.70 metros de altura y 120 kilos, presenta a la santa como es representada tradicionalmente: con su hábito de monja y una custodia y un báculo en las manos, que son sus atributos característicos. La primera, por su enfrentamiento con las tropas sarracenas que en 1240 intentaron tomar por asalto el convento donde ella estaba y a las que hizo huir auxiliada por el Santísimo, y el segundo por haber sido Santa Clara abadesa mitrada.
Se cuenta también que el 17 de julio de 1652 desembarcó en el puerto de Santa Clara una horda de piratas franceses e ingleses con la intención de apoderarse de “los metales preciosos que suponían debían existir en la iglesia” de Dzidzantún. Tras someter al guardián del convento y a otros muchos habitantes del poblado, los filibusteros entraron al templo… sólo para salir despavoridos sin perpetrar su crimen. La devoción popular asegura que, como hizo cuatrocientos años antes con los musulmanes, Santa Clara ahuyentó a los bucaneros.
Pese a que en 1915 fue destruido parcialmente por órdenes del gobierno alvaradista, el convento e iglesia del siglo XVI de Dzidzantún sigue en pie, magnífico. Además de ser “maravilloso”, según apunta la fundación Adopte una obra de arte, salvaguarda una hermosa pintura mural en su templo y claustros. “Esta pintura además de su antigüedad es muy valiosa por su contenido iconográfico y su calidad artística, por lo que es un patrimonio invaluable de la historia y desarrollo artístico de Yucatán”.
Con misas, rosarios, gremios, procesiones por tierra y mar, música y baile, Dzidzantún festeja cada año a su patrona en la primera quincena de agosto. Antes, el 22 de julio, aniversario de su arribo a la playa, la venerada imagen es llevada en andas poco más de 14 kilómetros hasta al puerto nombrado en su honor, donde, tras una procesión en el mar, permanece varios días.
La imagen de Santa Clara de Asís, patrona de la población, puede ser admirada en el templo parroquial de Dzidzantún –“piedra vencida”, de dzidzan, vencido, y tun, piedra o peñasco-, población situada en la parte nororiental del Estado, a 73 kilómetros de Mérida.
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