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  3. Retrato de fray Juan Duns Scoto en la iglesia de Izamal

Grupo Megamedia · Diario de Yucatán

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Izamal, YucatánPintura100 Joyas

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Las sutilezas de una pintura

En la sacristía del convento de San Antonio de Padua de Izamal, se conserva una espléndida pintura al óleo en la que se representa a fray Juan Duns Scoto, religioso franciscano nacido en 1266 en Edimburgo, considerado como uno de los teólogos y filósofos más importantes de la Edad Media. Una parte central de su obra la dedicó a defender el dogma de la Inmaculada Concepción de María, por lo que ha sido llamado “doctor mariano”.

Fray Juan Duns fue beatificado en 1993 por el papa Juan Pablo II y su festividad litúrgica se celebra el 8 de noviembre. Sin embargo, desde hacía siglos su recuerdo y pensamiento eran venerados entre los hijos de San Francisco. Muestra de ello es, precisamente, el cuadro que se conserva en el convento izamaleño, de autor anónimo y posiblemente realizado a mediados del siglo XVIII.

La pintura destaca por su rico contenido simbólico. En ella se representa al beato Juan de cuerpo entero, vistiendo el hábito propio de los franciscanos, con un grueso cordón ciñendo la cintura. La mano derecha sostiene una pluma de ave y descansa sobre un escritorio en el que se ven tinteros, un birrete con las borlas de doctor en Teología y un libro abierto en el que se lee la frase en latín “Potuit, decuit, ergo fecit” que se traduce como “Pudo, convino, por tanto, lo hizo”, la cual hace referencia a la acción de Dios en el misterio de la Inmaculada Concepción. En la mano izquierda el fraile teólogo sostiene lo que parece ser una escultura de la Virgen María, representada con las vestiduras y atributos característicos de la advocación de la Inmaculada.

En la parte superior del cuadro se observan dos escudos franciscanos y una inscripción en latín, la cual se traduce como “Verdadero retrato del Doctor Sutil”, título con el que desde tiempos medievales ha sido conocido fray Juan Duns por su gran sabiduría.

Entre los elementos que resultan de especial interés y que quizá puedan causar extrañeza al espectador que contemple esta pintura, están las figuras de una fiera criatura fantástica y cinco cabezas masculinas sobre las que el beato posa los pies, calzados con unas ingenuas sandalias. Se trata de las representaciones del dragón apocalíptico y los rostros de cinco de los principales filósofos que encabezaron las llamadas herejías, opuestas a algunos de los dogmas de la Iglesia, sobre los cuales venció el pensamiento de los teólogos católicos como el del “doctor sutil”, fray Juan Duns Scoto.

Esta joya del arte sacro yucateco destaca no sólo por su belleza artística sino también por su significado alegórico y puede considerarse como un ejemplo único en la región. La sacristía donde se encuentra es de acceso restringido, por lo que la obra no se encuentra a la vista del público general.

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