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Obra maestra del arte religioso
El Dr. Martín Tritschler y Córdova estuvo a cargo del cuidado pastoral de la Arquidiócesis de Yucatán en un lapso de 42 años, de 1900 a 1942, y pasó a la historia como su primer arzobispo.
Los primeros años de su labor episcopal coincidieron con la bonanza económica del estado, derivada del cultivo y la exportación de la fibra de henequén, y se caracterizaron por un marcado interés por emprender obras de embellecimiento y mejoras materiales en casi todas las iglesias de la diócesis, así como por la construcción de nuevos templos.
Desde luego, la Catedral de Mérida estuvo en el centro de sus afanes y en la primera década del siglo XX, el centenario templo fue embellecido con pisos y una balaustrada de mármol italiano, un órgano monumental de origen alemán y una nueva sillería para el coro de los canónigos, trabajada en maderas preciosas de la región por el ebanista yucateco Donato Pech Cambranes.
La prosperidad económica de Yucatán se reflejó también en el arte sacro y muestra de ello fue la adquisición de un cáliz de oro para la Catedral, el cual fue considerado en su momento como “una verdadera joya del arte religioso” y, tanto por su calidad artística como por lo extraordinario de sus materiales, una de las piezas más valiosas del tesoro catedralicio.
En el número 13 del Boletín Eclesiástico del Obispado de Yucatán, se publicó una detallada reseña del cáliz, el cual fue estrenado en la misa solemne de la Navidad de 1905, celebrada por monseñor Tritschler, como refiere una crónica de La Revista de Mérida (publicación antecesora de Diario de Yucatán).
La joya de arte sacro, y su correspondiente patena y cucharilla, fue elaborada bajo pedido por un orfebre parisino de la Casa Poussielgue de la capital francesa, y según los datos periodísticos costó 10,000 pesos.
El cáliz es de estilo gótico-bizantino y en su diseño se incluyeron diversos elementos decorativos muy significativos para la historia de la Iglesia y de la Arquidiócesis de Yucatán, como lo son los ocho medallones esmaltados con las imágenes de Cristo crucificado, Nuestra Señora de Guadalupe, Santa Rosa de Lima, San Ildefonso de Toledo, San Felipe de Jesús y los escudos de armas del papa Pío X, del obispo Tritschler y de la ciudad de Mérida. Una estatuilla de San Bernabé, patrono de la capital yucateca, se ubica en la columna que conforma el pie del cáliz y sobre el cual descansa la copa.
La patena, es decir el platillo en el que se coloca la ostia durante la misa, es también de oro y está decorada con un esmalte en el que se representa a Cristo resucitado con los discípulos del camino de Emaús. Tanto el cáliz como la patena están ricamente decorados con piedras preciosas como brillantes, esmeraldas, zafiros y rubíes.
El cáliz forma parte del patrimonio litúrgico de la Catedral de Mérida y posee un profundo valor histórico no sólo por sus cualidades artísticas y la riqueza de los materiales con el que está fabricado, sino porque ha sido utilizado en algunas de las ceremonias religiosas más importantes de la Iglesia de Yucatán durante poco más de un siglo. El papa Juan Pablo II lo usó durante la misa privada, que presidió la mañana del 12 de agosto de 1993 en la capilla del Seminario Conciliar, en Itzimná, durante la histórica visita del Sumo Pontífice polaco a Yucatán.





