- Home
- Othón P. Blanco
- Capilla abierta de Oxtankah
Grupo Megamedia · Diario de Yucatán
Location
La capilla abierta de Oxtankah, herencia sacra en urbe maya
Por Lic. Carlos F. Cámara Gutiérrez, periodista de Diario de Yucatán, y Antrop. Indalecio Cardeña Vázquez, presidente del Círculo de Estudios Humanísticos de Yucatán, A.C.
Guarecida en la jungla quintanarroense, escoltada por algunos precolombinos edificios mayas, la capilla abierta de Oxtankah, en franco desafío al embate de la mancha urbana, se mantiene en pie.
En el corazón de la zona arqueológica, cuyo topónimo podría traducirse como “en medio de tres pueblos” o “lugar rodeado de ramones”, a unos 15 kilómetros al norte de Chetumal y a 800 metros de la bahía, se preserva uno de los excepcionales tesoros arquitectónicos religiosos de la península de Yucatán.
Esta construcción colonial, con vestigios originales es una de las joyas del arte sacro más antiguas que evidencian el inicio del proceso de ocupación española en la región, a partir de las tres primeras décadas del siglo XVI.
La edificación novohispana de Oxtankah es un importante monumento arqueológico, cuya importancia radica en su valor histórico y cultural, ya que nos ayuda a comprender diversos aspectos de la historia de nuestro país y el origen de la capilla abierta o de indios, en la península de Yucatán.
Gonzalo Guerrero en la ciudad maya
Oxtankah, importante ciudad maya del territorio del cacicazgo de Chactemal, según teorías que postulan algunos arqueólogos, no sólo resguarda ese patrimonio cultural, también habría acogido a Gonzalo Guerrero, a quien la historia lo señala como padre del mestizaje en el Continente Americano.
El marinero y arcabucero originario del pueblo de Niebla, cerca del puerto de Palos, España, quien en 1511, después de naufragar de un navío que zozobró durante una travesía de la provincia de Darién (área limítrofe entre Panamá y Colombia) a la isla La Española (actual República Dominicana y Haití), arribó a la costa norte de la península de Yucatán sin saber cómo cambiaría su vida.
Según algunas crónicas, Gonzalo Guerrero, apresado por hombres del cacique Ah Kin Cutz, de Xamanhá, fue vendido como esclavo al Halach Uinic de Chactemal, Nachan Ca’an. Una hija del señor más poderoso de la región se unió al ibérico, quien para 1514 no sólo adoptó las costumbres mayas sino que se convirtió en Nacom, jefe militar.
Conquistadores y misioneros
Sin embargo, más allá de la fascinante historia que rodea a Gonzalo Guerrero, la urbe maya de Oxtankah desde el período prehispánico se constituía como uno de los principales bastiones en esa comarca peninsular.
En el largo período de la conquista de Yucatán, Alonso Dávila, enviado de Francisco de Montejo el Adelantado, fundó en ese lugar en 1531 la Villa Real de Chactemal y levantó una primitiva iglesia con materiales perecederos.
Décadas después, con la llegada del primer misionero de la Orden de Frailes Menores a la agreste zona, se habría asentado ahí una primigenia capilla edificada por los franciscanos, y en ese mismo emplazamiento se construyó años más tarde otro recinto católico, pero ahora con las características de las capillas abiertas que se erigieron en la época colonial en Yucatán.
Luego de muchas centurias e importantes acontecimientos históricos, como la Guerra de Castas, se estableció en un lugar cercano a Oxtankah, a fines del siglo XIX, la comunidad Payo Obispo, lo que hoy es Chetumal, la capital de Quintana Roo.
La capilla abierta de Oxtankah es una de las tres construcciones religiosas de su tipo que todavía se conservan en la península de Yucatán en las circunscripciones de antiguos sitios mayas.
Las otras dos estructuras están, una en Boca Iglesia, al norte de Quintana Roo, muy cerca de Cabo Catoche, considerada la primera capilla católica en Latinoamérica; y la tercera, en la zona arqueológica de Dzibilchaltún, a unos 17 kilómetros al norte de Mérida.
Arquitectura de valor notable
El Arqto. Luis Ojeda Godoy, especialista del Instituto Nacional de Antropología e Historia, confirma que la capilla abierta de Oxtankah, por su tipología constructiva, corresponde a la etapa inicial del proceso de ocupación del territorio por los españoles durante la Colonia.
Según el perito arquitecto, este tipo de edificaciones con arco de medio punto hechas sobre asentamientos mayas, tienen un valor singular, ya que fueron una solución arquitectónica desarrollada en la Península por los frailes para atender a la gran cantidad de indígenas que tenían que evangelizar.
Además de la funcionalidad que hallaron los religiosos para tratar de catequizar en un espacio al aire libre a los habitantes originarios, el diseño, la distribución e incluso los materiales para la construcción de la capilla abierta de Oxtankah guardan otros secretos por revelar.
La capilla de indios
Los actuales vestigios de esta edificación corresponderían a la tercera construcción religiosa que se habría realizado en Oxtankah durante el siglo XVI. Con base en las fuentes coloniales y la evidencia arqueológica, se podría decir que el valor de ese sitio maya radica en que ahí están los antecedentes más inmediatos de lo que posteriormente fueron las capillas abiertas o de indios, tal como se conocen ahora en la península de Yucatán.
Los relatos señalan que en 1531, cuando el conquistador Alonso Dávila, durante el período del segundo intento de conquista de Yucatán dirigido por el Adelantado Francisco de Montejo en el lapso de 1531 a 1535, estableció ahí la Villa Real de Chactemal y construyó una primera capilla con materiales perecederos, similar a las casas de palma de los mayas.
Dávila y su ejército pretendieron someter esa región. No obstante el asentamiento solamente se pudo mantener poco tiempo debido a la hostilidad de los mayas. En el otoño de 1532 los conquistadores abandonaron la región y desmantelaron el oratorio antes de retirarse.
Doce años más tarde, una vez fundadas la ciudad de San Francisco de Campeche; Mérida, la capital de la nueva provincia española, sobre los vestigios de la antigua urbe maya Ho’, y establecida la villa de Bacalar, el misionero franciscano Lorenzo de Bienvenida evangelizó en solitario y con gran éxito, en 1545 y 1546, la región aledaña a este último asiento español.
El fraile Bienvenida formó parte del grupo de cuatro franciscanos enviados por fray Motolinía (Toribio de Benavente) a la península de Yucatán en 1544 para ponerse en contacto con el Adelantado Montejo e iniciar la evangelización de este territorio, que si bien ya contaba con algunos asentamientos españoles, la cristianización no se había realizado y el dominio sobre los mayas no estaba consolidado. Los otros tres religiosos fueron Luis de Villalpando, Melchor de Benavente y Juan de Herrera, quienes se dirigieron a Campeche y posteriormente a Mérida.
En esos años, 1545-1546, fray Bienvenida habría construido una nueva capilla siempre con material perecedero en el mismo sitio donde Alonso Dávila levantó una primera iglesia. Aunque se carece de información documental que avale esta idea, es factible que así ocurriera, considerando el tiempo que estuvo ese fraile en la zona; los antecedentes probablemente conocidos por él de la importancia del lugar, y de la existencia de una capilla anterior; la experiencia evangelizadora que había adquirido, y la necesidad de tener una edificación que le ayudara en su labor misionera.
Sin embargo, habría sido años más tarde, ya en la segunda mitad del siglo XVI, posiblemente a fines de la década de 1550, cuando se erigió la capilla de indios cuyos vestigios permanecen ahora, con las características de estas edificaciones: un ábside o bóveda, donde está el presbiterio, con dos aposentos, uno a cada lado, construidos con piedra, que conservan evidencias del techo y acabados de estuco, y una ramada adosada al área del espacio presbiterial, a modo de nave central.
Esta construcción permitía atender las necesidades inmediatas de un recinto religioso para celebrar diversas ceremonias y donde se congregara al mismo tiempo, una cantidad importante de personas para su evangelización.
Fray Juan de Mérida, diseñador de las capillas abiertas
Las capillas abiertas, o de indios, fueron creadas por fray Juan de Mérida, un conquistador y arquitecto conocido como maese Juan, quien vino en el ejército de Francisco de Montejo, el Mozo, durante la última fase de la conquista de Yucatán, 1540-542, y posteriormente se convirtió en franciscano.
Luego de la fundación de Mérida, este soldado constructor quien diseñó la casa de Montejo y su fachada hasta su conclusión, según precisa el arqueólogo Luis Millet Cámara, ingresó a la orden franciscana y fue el primer fraile en ser ordenado en Yucatán, adoptando el nombre de fray Juan de Mérida, señala fray Bernardo de Lizana en su obra “Devocionario de Nuestra Señora de Izamal”, realizada en el siglo XVII.
Las fuentes coloniales, refieren que este misionero se ocupó de la construcción en su etapa final, del ahora desparecido Convento Grande de San Francisco en Mérida, y edificó los conjuntos conventuales de Maní, Izamal y Valladolid. En Maní, realizó la que se reconoce como la primera capilla de indios en Yucatán, con la impronta de sus proyectos, adecuados a la geografía y el clima de la Península.
El diseño de esta obra sagrada, realizada únicamente en la península yucateca con esas características arquitectónicas, habría que atribuírselas a los franciscanos Mérida y Bienvenida, quienes se conocieron en la capital yucateca en 1547, cuando el segundo fraile llegó a la ciudad para reunirse con sus tres compañeros religiosos, luego de su vasta jornada misionera que le valió el apodo de “El Explorador”.
Es altamente probable que ambos intercambiaran experiencias personales desde entonces. Bienvenida como fraile y sus dificultades, como todos los franciscanos en ese entonces, por la falta de un templo en regiones alejadas, y maese Juan como arquitecto que habría observado muy bien ya el terreno peninsular y sus características, durante sus recorridos militares.
De este modo, en 1549 maese Juan convertido ya en fraile, con un profundo interés religioso, pero con una gran perspectiva de las técnicas constructivas, y fray Bienvenida poseedor de una amplia experiencia evangelizadora, reforzada en los últimos años durante su misión en la región de Bacalar y posteriormente en Yucatán, habrían abordado y compartido sus vivencias y contratiempos, a los que Juan de Mérida habría hallado una solución temporal, con la creación de esta arquitectura híbrida que son las capillas de indios: un ábside tipo románico, modificado, y una nave central con paredes y techumbre mayas, edificándose primero en Maní en la primera mitad del siglo XVI y posteriormente en toda la península yucateca.
Invaluable monumento arquitectónico sacro
Los actuales vestigios de la que habría sido la tercera edificación religiosa con esas cualidades arquitectónicas completas en Oxtankah, la capilla de indios, proporcionan evidencia arqueológica que, junto con la temporalidad de la construcción de conventos en el oriente de Yucatán, permitirían decir que se levantó a fines de la década de 1550.
En efecto, la cronología de la cerámica europea que se halló en la urbe maya de Chactemal, llamada Columbia Plain y mayólica, corresponde a los siglos XVI y XVII, indican los investigadores Fernando Cortés de Brasdefer y Bandini Cortés de Brasdefer Romano.
La cerámica Columbia Plain de tradición morisca, tiene su datación más antigua en el Caribe correspondiente a los siglos XV y XVI, (1492-1550); otra fase de ella, más moderna, es de los siglos XVI y XVII (1550-1650), precisa el arqueólogo José Manuel Lojo Galán.
Así, la probable edificación de una capilla con materiales perecederos, similar a las chozas mayas, en Oxtankah por fray Lorenzo de Bienvenida en 1545, durante su amplia labor de catequesis en la zona de Bacalar; el conocimiento arquitectónico y del área peninsular yucateca, que tenía maese Juan como conquistador, arquitecto y encomendero, y el intercambio de ideas de ambos religiosos a partir de 1547 en Mérida; junto con la comprensión de las dificultades para construir una iglesia en lugares apartados, concretó lo que hoy son las capillas de indios, unas de las más preciadas joyas del arte sacro de la Península.
Por ello, la capilla abierta de Oxtankah es un testimonio tangible de la rica herencia arquitectónica de la región, y su preservación, reconocimiento y difusión es fundamental para las generaciones futuras. Es un patrimonio invaluable, único que merece ser protegido y valorado como parte de la historia y cultura peninsular yucateca.